Hola con Ramona siempre rima. Hola Ramona!
Perdoná la ausencia, pero tuve unos problemas que resolver, que mejor no entrar en detalle, porque como bien dijo algún sabio: el dolor es necesario, pero el sufrimiento estúpido.
Llegó la primavera Ramo. Ya está. Volvió el calor. Salen las uvas de las plantas, y los estudiantes de las escuelas, los pájaros de los nidos, las cervezas de los chinos. También rima esto. La primavera es para afuera, Ramo; está para comer uvas con los estudiantes, con los pájaros de fondo, con la cerveza del chino bien fresquita.
¿Qué pasó con la albahaca? llegó acaso? ya fue bautizada? Temo haberme perdido un capítulo importante por no haber respondido antes, espero todo haya salido bien con la pequeña planta de balcón.
Un diario de viaje Ramona!! me encanta la idea. Esta semana voy a probar a los trenes a ver si puedo ganarme unos pesos de artista callejero. Si puedo acá, puedo allá. Vamos a ver qué pasa.
Cada vez que pienso en ese árbol me duele el dedo gordo. Las zapatillas ya las tengo listas.
Vos te vas a algún lado Ramoncita en el verano?
Te dejo un beso, ahora sí, primaveral.
Que estés bien, con mucha paz interior. (¿Viste que estuvo el Dalai?)
Fermín.
Ramona y Fermín
miércoles, 21 de septiembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
Las uvas son la inexorable prueba de que el verano es lo mejor que existe.
Digo, porque las uvas son unas frutas muy veraniegas, ¿no creés, Fermín? Creo que por eso me encantan.
No te voy a decir que me sorprenda tu viaje latinoamericano. Siempre vi en vos esa cosa nómade que yo nunca pude adoptar. Necesito echar raíces en los lugares. Cuando la raíz es muy profunda, vos viste que se hace muy difícil moverse.
Me encantaría, igual, hacer un viaje así. Pero creo que a vos, más que a nadie, te va a hacer muy bien. Ir comiendo uvas y conociendo gente de todos lados. ¿Qué mejor plan para tu verano? Me gustaría mucho una crónica de tu viaje. Ahora que volvimos a escribirnos podrías aprovechar la excusa y contarme tus vivencias con cada nuevo amigo que te hacés.
Con respecto a tu relación con la facultad, nunca te vi formando parte de instituciones, porque la institución es otra forma de echar raíces y, como ya sabemos, vos estás más para andar volando que para quedarte atado a un pedacito de tierra.
Creo que la única facultad que puede llegar a atraparte sería una itinerante que tenga como requisito principal que todos los alumnos cuenten con su bici y que cada día la sede sea en un lugar nuevo. Creo que es la única forma en que van a poder retenerte.
Hoy hace mucho calor. ¿Sabés qué pienso los días de calor? Algo que quizás ya te dije, pero ¡qué bien me vendría tener una plantita de albahaca perfumando mi balconcito! Es chiquito, así que con una ya estaría. Creo que voy a aprovechar el fin de semana para ir en busca de mi planta.
Me gustaría ponerle un nombre, vos viste que tengo esa cosita de que me gusta llamar a las cosas por un nombre. No sé si por su nombre, pero sí por alguno.
Si se te ocurre uno bueno para mi planta, lo espero ansiosa.
Antes de irme, te voy a recomendar que te consigas un buen par de zapatillas para tu viaje. Sino te va a pasar como aquella vez que te quisiste hacer el canchero y subir al árbol en ojotas y te lastimaste un poco el dedo gordo.
Te mando un beso cada vez más primaveral.
Ramona.
No te voy a decir que me sorprenda tu viaje latinoamericano. Siempre vi en vos esa cosa nómade que yo nunca pude adoptar. Necesito echar raíces en los lugares. Cuando la raíz es muy profunda, vos viste que se hace muy difícil moverse.
Me encantaría, igual, hacer un viaje así. Pero creo que a vos, más que a nadie, te va a hacer muy bien. Ir comiendo uvas y conociendo gente de todos lados. ¿Qué mejor plan para tu verano? Me gustaría mucho una crónica de tu viaje. Ahora que volvimos a escribirnos podrías aprovechar la excusa y contarme tus vivencias con cada nuevo amigo que te hacés.
Con respecto a tu relación con la facultad, nunca te vi formando parte de instituciones, porque la institución es otra forma de echar raíces y, como ya sabemos, vos estás más para andar volando que para quedarte atado a un pedacito de tierra.
Creo que la única facultad que puede llegar a atraparte sería una itinerante que tenga como requisito principal que todos los alumnos cuenten con su bici y que cada día la sede sea en un lugar nuevo. Creo que es la única forma en que van a poder retenerte.
Hoy hace mucho calor. ¿Sabés qué pienso los días de calor? Algo que quizás ya te dije, pero ¡qué bien me vendría tener una plantita de albahaca perfumando mi balconcito! Es chiquito, así que con una ya estaría. Creo que voy a aprovechar el fin de semana para ir en busca de mi planta.
Me gustaría ponerle un nombre, vos viste que tengo esa cosita de que me gusta llamar a las cosas por un nombre. No sé si por su nombre, pero sí por alguno.
Si se te ocurre uno bueno para mi planta, lo espero ansiosa.
Antes de irme, te voy a recomendar que te consigas un buen par de zapatillas para tu viaje. Sino te va a pasar como aquella vez que te quisiste hacer el canchero y subir al árbol en ojotas y te lastimaste un poco el dedo gordo.
Te mando un beso cada vez más primaveral.
Ramona.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Buegos Aires
Sigo con los mismos gestos agrios de siempre. España me cambió. Todo menos la cara, Ramona.
Me quedé pensando en la gran Papa del pasado, y sí, mejor dejarla ahí, envuelta en noticias de Cavallo y María Julia, Redondo y Batistuta.
Por fín el mate Ramona!!! yo sabía que te tenía que llegar. Es tu tango y tu vino. Como tardó ¿eh?
Buenos Aires ignora y los porteños, si bien los veo más comprometidos que nunca (pocos se dan cuenta de lo avanzado que estamos por acá) sigue siendo la ciudad con el Ego máis grande du mundo. Si cambia eso Ramona, ahí sí, Buenos Aires será mi lugar. Por lo pronto, sigo buscándolo. Por eso decidí irme en el verano a recorrer Latinoamérica. Creo que es algo que me debo. Quiero hacerme amigo de un chofer de un camión de uvas y recorrer todo en la parte de atrás, respirando el paisaje, comiendo uvas verdes. Que rico, Ramona! ¿A vos te gustaban las uvas?
La facultad, pfff, que peaje caro resulta para mí. Admiro a la gente que va con eso. Yo nunca pude adaptarme. Podría si cada diez minutos nos hicieran bailar un poco. Tengo que mover el cuerpo, mover el cuerpo como un loco, Ramona, para que las rodillas por la noche me lo agradezcan.
Si no bailo, no puedo mirarme en el espejo sin sentir verguenza. Sin bailar, no soy Fermín.
Ahora me voy, a cantar y a bailar. Es de lo mejor para callar un poco al Ego.
Es casi tan efectivo como querer.
Hablamos Ramoncita.
te dejo un beso!
Fermín
Me quedé pensando en la gran Papa del pasado, y sí, mejor dejarla ahí, envuelta en noticias de Cavallo y María Julia, Redondo y Batistuta.
Por fín el mate Ramona!!! yo sabía que te tenía que llegar. Es tu tango y tu vino. Como tardó ¿eh?
Buenos Aires ignora y los porteños, si bien los veo más comprometidos que nunca (pocos se dan cuenta de lo avanzado que estamos por acá) sigue siendo la ciudad con el Ego máis grande du mundo. Si cambia eso Ramona, ahí sí, Buenos Aires será mi lugar. Por lo pronto, sigo buscándolo. Por eso decidí irme en el verano a recorrer Latinoamérica. Creo que es algo que me debo. Quiero hacerme amigo de un chofer de un camión de uvas y recorrer todo en la parte de atrás, respirando el paisaje, comiendo uvas verdes. Que rico, Ramona! ¿A vos te gustaban las uvas?
La facultad, pfff, que peaje caro resulta para mí. Admiro a la gente que va con eso. Yo nunca pude adaptarme. Podría si cada diez minutos nos hicieran bailar un poco. Tengo que mover el cuerpo, mover el cuerpo como un loco, Ramona, para que las rodillas por la noche me lo agradezcan.
Si no bailo, no puedo mirarme en el espejo sin sentir verguenza. Sin bailar, no soy Fermín.
Ahora me voy, a cantar y a bailar. Es de lo mejor para callar un poco al Ego.
Es casi tan efectivo como querer.
Hablamos Ramoncita.
te dejo un beso!
Fermín
lunes, 29 de agosto de 2011
Buenos Aires está fría a pesar del sol.
¿Viste que está ese dicho que dice "pasado pisado" o una cosa así? Yo estuve a punto de hacerlo. Agarré a la papa gigante que es mi pasado y casi casi lo piso para hacer un riquísimo puré.
No pude, pero tampoco dejé la papa arriba de la mesada. La guardé en un canasto bien profundo. La metí al fondo de todo y después rellené el canasto con muchísimas otras cosas. Eventualmente voy a llegar de nuevo a la papa, sigue ahí, pero por ahora está muy lejos y me gusta aprovechar mi tiempo pensando en otros vegetales, frutas y hortalizas más coloridos.
¿Cómo te está tratando la ciudad? No me contaste mucho de eso. ¿Dónde vivís? ¿Qué hacés los domingos?
Me resulta gracioso imaginarte despotricando contra el tráfico y rezando "en Barcelona llegás a todos lados en bicicleta y sin estrés!" mientras fruncís el ceño enojado. ¿Seguís teniendo la misma cara de enojado de antaño?
Mientras te escribo, me tocan la puerta. Es una amiga que viene a estudiar a casa. Sí, sigo estudiando, es lento el camino pero no por ello menos placentero.
Me voy a estudiar un poco mientras tomo mate (ahora tomo mate, podés creerlo? por fin!).
Te mando un beso.
Ramona.
jueves, 18 de agosto de 2011
En Shock
Que fea palabra Ramona "Shock". Ni siquiera es nuestra, pero no se me ocurre otra.
Fui a visitar a Elena. Está igual. Quiero decir, tiene todos los años que pasaron en el cuerpo, pero ella, por adentro, en los ojos, sigue siendo la misma Elena.
Ahora vive en Palermo, a seis cuadras de Plaza Serrano. Una casa amarilla con puerta alta de madera y balcón.
Le toque el timbre y al ratito salió. Me hizo un gesto con la cara, como tratando de reconocerme, y al final, cuando me descubrió, le explotó una sonrisa ¡que no sabés!
Entré atrás de ella, y mientras me sacaba la campera, me ponía cómodo, ella desde la cocina, preparaba el mate y me contaba de Isabel, que es la mayor. Parece que se recibió y ahora trabaja en Puerto Madryn. Por fin los profesionales se quedan en el país.
Me preguntó por España y me cargó la boluda por el acento que un poco se me pegó. Después hablamos de cualquier cosa, de cómo estaban acá, de los laburos, y cómo estaba cambiado Buenos Aires. En eso, cuando ya se terminaba el agua de la pava, vi que al lado del sillón donde estaba ella, había una foto en la que estábamos los cuatro: Elena, Julíán, vos y yo. Me miró con una sonrisa. ¿Sabés hace cuanto no veía una foto del Vasco? En fín. Es el tiempo, ¿no, Ramona?
Le dije que estaba en contacto con vos, ¡y se puso de contenta! Tiene ganas de verte. Por ahí es demasiado, pasaron muchas cosas en el medio, pero me parece que una cena estaría bien.
No sé qué te parece, ni siquiera sé si te tendría que contar esto, pero bueno, así se dieron las cosas.
Definitvamente voy a dejar de tomar café, las sorpresas en Buenos Aires me van a dejar todas las camisas manchadas, je.
Espero que sigas bien. Beso.
Fermín
Fui a visitar a Elena. Está igual. Quiero decir, tiene todos los años que pasaron en el cuerpo, pero ella, por adentro, en los ojos, sigue siendo la misma Elena.
Ahora vive en Palermo, a seis cuadras de Plaza Serrano. Una casa amarilla con puerta alta de madera y balcón.
Le toque el timbre y al ratito salió. Me hizo un gesto con la cara, como tratando de reconocerme, y al final, cuando me descubrió, le explotó una sonrisa ¡que no sabés!
Entré atrás de ella, y mientras me sacaba la campera, me ponía cómodo, ella desde la cocina, preparaba el mate y me contaba de Isabel, que es la mayor. Parece que se recibió y ahora trabaja en Puerto Madryn. Por fin los profesionales se quedan en el país.
Me preguntó por España y me cargó la boluda por el acento que un poco se me pegó. Después hablamos de cualquier cosa, de cómo estaban acá, de los laburos, y cómo estaba cambiado Buenos Aires. En eso, cuando ya se terminaba el agua de la pava, vi que al lado del sillón donde estaba ella, había una foto en la que estábamos los cuatro: Elena, Julíán, vos y yo. Me miró con una sonrisa. ¿Sabés hace cuanto no veía una foto del Vasco? En fín. Es el tiempo, ¿no, Ramona?
Le dije que estaba en contacto con vos, ¡y se puso de contenta! Tiene ganas de verte. Por ahí es demasiado, pasaron muchas cosas en el medio, pero me parece que una cena estaría bien.
No sé qué te parece, ni siquiera sé si te tendría que contar esto, pero bueno, así se dieron las cosas.
Definitvamente voy a dejar de tomar café, las sorpresas en Buenos Aires me van a dejar todas las camisas manchadas, je.
Espero que sigas bien. Beso.
Fermín
sábado, 13 de agosto de 2011
De noche desde casa con una taza de té y mucho abrigo.
Fer, Min, Fermín.
Hola. Por empezar, no veo el por qué de tu sorpresa con mi respuesta. ¡Era obvio que te iba allegar! ¿Cómo iba a ignorar una de tus cartas? En el fondo, durante estos años siempre supe que nos íbamos a volver a encontrar. Si bien imaginaba que cruzarte de repente en una esquina no era opción por lo distantes que estaban nuestras ubicaciones, estaba segura que la manera iba a aparecer o, sino, la íbamos a encontrar. Entonces eso, soy yo, Ramona, y te estoy respondiendo. Dejá de sorprenderte o dejá de tomar café. Te hace mal al estómago y además la mancha es re difícil de sacar de los manteles.
Con respecto a Buenos Aires, querido amigo, creo que estás generalizando y por eso te perdés de muchas cosas. Hay algunos como nosotros que sí la miran, le prestan atención, la contemplan y la quieren. Entiendo, igual, por qué sacás esas conclusiones. En estos años que pasaron yo me conseguí un trabajito por el centro. Te sorprendería la cantidad de gente que camina como vos decís, sin mirar o mirando para abajo, esquivando acrobáticamente los portafolios de los demás y golpeando a varios transeúntes con el propio.
Pero hay otros que no. El otro día caminaba de noche por la 9 de julio. Es una avenida linda, en serio, deberías pasear más seguido por ahí. La cuestión es que me sonó el teléfono, una amiga. Me senté en uno de los bancos que hay en la mitad de esa calle gigantemente ancha. Mientras charlaba, empecé a mirar para arriba. En el balcón de uno de esos edificios que cualquiera creería llenos de oficinas, había un viejito. Estaba sentado en una reposera y miraba para el lado del obelisco. Estoy segura, segurísima, de que estaba revisando que Buenos Aires siga creciendo derechita. Es más, ese señor debe andar plantando palitos de caña en cuanta maceta se cruce.
Te propongo que pasees por Buenos Aires cazando jardineros que se empeñen en ayudar a Buenos Aires a florecer derechita. Si encontrás 5, te regalo una canción.
Y che, me llenás de intriga. ¿A quién fuiste a visitar?
Beso,
Ramona.
Hola. Por empezar, no veo el por qué de tu sorpresa con mi respuesta. ¡Era obvio que te iba allegar! ¿Cómo iba a ignorar una de tus cartas? En el fondo, durante estos años siempre supe que nos íbamos a volver a encontrar. Si bien imaginaba que cruzarte de repente en una esquina no era opción por lo distantes que estaban nuestras ubicaciones, estaba segura que la manera iba a aparecer o, sino, la íbamos a encontrar. Entonces eso, soy yo, Ramona, y te estoy respondiendo. Dejá de sorprenderte o dejá de tomar café. Te hace mal al estómago y además la mancha es re difícil de sacar de los manteles.
Con respecto a Buenos Aires, querido amigo, creo que estás generalizando y por eso te perdés de muchas cosas. Hay algunos como nosotros que sí la miran, le prestan atención, la contemplan y la quieren. Entiendo, igual, por qué sacás esas conclusiones. En estos años que pasaron yo me conseguí un trabajito por el centro. Te sorprendería la cantidad de gente que camina como vos decís, sin mirar o mirando para abajo, esquivando acrobáticamente los portafolios de los demás y golpeando a varios transeúntes con el propio.
Pero hay otros que no. El otro día caminaba de noche por la 9 de julio. Es una avenida linda, en serio, deberías pasear más seguido por ahí. La cuestión es que me sonó el teléfono, una amiga. Me senté en uno de los bancos que hay en la mitad de esa calle gigantemente ancha. Mientras charlaba, empecé a mirar para arriba. En el balcón de uno de esos edificios que cualquiera creería llenos de oficinas, había un viejito. Estaba sentado en una reposera y miraba para el lado del obelisco. Estoy segura, segurísima, de que estaba revisando que Buenos Aires siga creciendo derechita. Es más, ese señor debe andar plantando palitos de caña en cuanta maceta se cruce.
Te propongo que pasees por Buenos Aires cazando jardineros que se empeñen en ayudar a Buenos Aires a florecer derechita. Si encontrás 5, te regalo una canción.
Y che, me llenás de intriga. ¿A quién fuiste a visitar?
Beso,
Ramona.
miércoles, 10 de agosto de 2011
De vuelta
Hola, Ramona. Me respondiste. No sabía, pero al final sí. Casi vuelco el café cuando vi que eras vos.
Me quedé pensando en lo que dijiste de los vampiros. Y sí, puede que tengas razón. El olor a sangre de las canillas (es innegable que las canillas tienen olor a sangre, Ramona, nunca lo había pensado!) la oscuridad del local, todo cierra. Pero hay cosas que es mejor no pensar, ¿te acordás que siempre te decía eso? Y si el tipo que me vende un tarugo, es como vos decís, un vampiro de carne hueso, un fenómeno de la naturaleza, y bueno, que sea. Con los precios que ponen más que la sangre, esos te chupan el sueldo, je.
Buenos Aires siempre me despierta las mismas corazonadas, Ramona. Estar acá, a veces es como no estar en ningún lado. Buenos Aires es así. Está llena, y por momentos parece vacía. La gente mira el suelo, sigue las baldosas y esquiva charcos. Lo que le pasa a Buenos Aires, para mí, Ramona, es que nadie la ve, no le prestan mucha atención, y entonces crece medio chueca. Como una planta de tomate sin el palo de caña, Buenos Aires se tuerce, y crece para todos lados, pero sin la caña, Ramona, es siempre la misma corazonada. Al final, soy el mismo Fermín, ¿no? je.
Me quedaron mil cosas por contarte, por responderte. Pero está bajando el sol y tengo que ir a visitar alguien. Ya te voy a contar más adelante.
Te dejo un beso.
Fermín
Me quedé pensando en lo que dijiste de los vampiros. Y sí, puede que tengas razón. El olor a sangre de las canillas (es innegable que las canillas tienen olor a sangre, Ramona, nunca lo había pensado!) la oscuridad del local, todo cierra. Pero hay cosas que es mejor no pensar, ¿te acordás que siempre te decía eso? Y si el tipo que me vende un tarugo, es como vos decís, un vampiro de carne hueso, un fenómeno de la naturaleza, y bueno, que sea. Con los precios que ponen más que la sangre, esos te chupan el sueldo, je.
Buenos Aires siempre me despierta las mismas corazonadas, Ramona. Estar acá, a veces es como no estar en ningún lado. Buenos Aires es así. Está llena, y por momentos parece vacía. La gente mira el suelo, sigue las baldosas y esquiva charcos. Lo que le pasa a Buenos Aires, para mí, Ramona, es que nadie la ve, no le prestan mucha atención, y entonces crece medio chueca. Como una planta de tomate sin el palo de caña, Buenos Aires se tuerce, y crece para todos lados, pero sin la caña, Ramona, es siempre la misma corazonada. Al final, soy el mismo Fermín, ¿no? je.
Me quedaron mil cosas por contarte, por responderte. Pero está bajando el sol y tengo que ir a visitar alguien. Ya te voy a contar más adelante.
Te dejo un beso.
Fermín
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